La música aporta al cerebro el mismo placer que el sexo y la comida

El Centro de recompensa del cerebro se activa cuando escuchamos música que nos agrada, en forma similar a lo que ocurre durante el sexo o cuando ingerimos comida que nos parece deliciosa, según un nuevo estudio canadiense.

Durante el experimento un grupo de voluntarios, escucharon música mientras se monitoreaba su actividad cerebral, al ser analizados los resultados, se descubrió algo sorprendente: cuando escuchaban canciones que les gustaban, se incrementaba la actividad cerebral en la zona denominada nucleus accumbens, dicha zona se activa durante las relaciones sexuales o cuando se ingiere comida deliciosa.

Al respecto Valorie Salimpoor, científica del Instituto neurológico de Toronto manifiesta: “Sabemos que el nucleus accumbens se encuentra asociado con la recompensa, sin embargo la música es un concepto abstracto. Escuchar música no se siente igual que tener hambre y estar listo para comer, experimentando felicidad por esto, o cuando se tiene sexo o se recibe dinero, en estos casos se espera, sin lugar a dudas, actividad en esta región cerebral. Ahora, lo sorprendente es que algo similar sucede con algo abstracto como es la música”.

“Incluso antes de que los voluntarios manifestaran lo que pensaba acerca de la música, ya sabíamos la respuesta, ya que sus cerebros delataban sus preferencias”.

Por otro lado, algunas investigaciones sugieren la posibilidad de que no solamente escuchar, sino también aprender a tocar un instrumento, ofrece beneficios neurológicos hasta hace poco insospechados. Existe un efecto conocido científicamente como “El efecto Mozart”, acuñado en 1991, el cual se basa en algunos estudios realizados sobre individuos de diferentes edades, quienes parecen experimentar una notable mejora, en la capacidad de desarrollar algunas tareas complejas, es decir una mejora de funciones neuronales, cuando escuchan algunas de las magistrales melodías del genial compositor. Otro estudio encontró que recibir lecciones de piano durante un año, puede sorprendentemente, incrementar el coeficiente intelectual hasta en tres puntos.

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