Vladimir Horowitz, emoción y técnica.

En este mundo, los ignorantes están completamente seguros, y los sabios llenos de dudas. Como ejemplo de esta máxima, el virtuoso del piano Vladimir Horowitz, que en varias ocasiones llegó a cancelar sus conciertos ya programados abrumado por sus dudas sobre su valía como pianista. Con tan solo 20 años sufrió un ataque de pánico antes de salir a escena, y al salir a excusarse ante el público sintió tanto sonrojo que prefirió tocar antes que hablar. Dicen que fue uno de sus mejores conciertos.

Este genial intérprete nacido en 1903 cuenta con innumerables distinciones recibidas a lo largo de toda su vida profesional. Su capacidad para emocionar a su público, mezclada con su trabajada técnica y singularidad sonora hicieron que pasara a la historia como uno de los grandes pianistas del siglo pasado.

Fue gran amigo de Rachmaninov e interpretó varias de sus obras como el concierto nº3 en Re menor, logrando sonidos flotantes y la medida justa de temperamento, dando lugar a un resultado a todas luces sublime, y no fue este el único estilo interpretativo que dominó, sino que dejaba a un lado el virtuosismo cuando era necesario dotando de la precisa sencillez a piezas como la Balada nº1 de Chopin o la Tocata opus 7 de Schumann.

Es bien sabido que todo genio carece de la necesidad de alardear de sus talentos, a veces hasta puntos como el de Horowitz, pero afortunadamente, un intérprete con tal musicalidad y belleza interpretativa nunca podría pasar desapercibido ante el público.

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